Maratón de Sevilla: here I go!!!

Bueno, he estado ausente un par de meses, pero no he dejado de correr y de entrenar. Hoy me iré a Sevilla para el maratón del domingo y, como era de esperar, estoy lleno de dudas.

¿Cómo irá? ¿La terminaré? ¿He entrenado lo suficiente? Ni idea para ninguna de estas preguntas, sólo confío en mi capacidad de aguante y que sea lo que Filípides quiera.

En este tiempo de ausencia, han pasado muchas cosas: he terminado el 2011 con más de 1.100km acumulados, entre carreras y entrenamientos; he vuelto a mis amadas New Balance, abandonando definitivamente a las ASICS que sólo me han dado problemas; he terminado la Media de Santa Pola en menos de dos horas (1h 55’55”) y, a la semana siguiente, he vuelto a batir mi marca en esta distancia, en la Media de Pego (1h 55′ 28”); he hecho más de 180km en enero y, finalmente, me he quedado en el dique seco más de una semana en febrero, a las puertas de mi gran objetivo de Sevilla.

¿Cómo irá el domingo? Pues, de verdad que no lo sé. Estoy muy nervioso y doy las gracias a mi mujer por animarme tanto (y soportarme). Una mención especial a mi amigo Tony, que el año pasado hizo su marca personal justo en Sevilla (3h 15′: ¡¡¡UN MONSTRUO!!!). Me acaba de llamar para darme ánimos, él que está a un mes de su gran cita en Roma y con molestias en la planta de un pie. Ánimo, hombre, que para ti esos no son dolores. Gracias por haberme acompañado en esas tiradas largas, a un ritmo que para ti, era de simple paseo; gracias por las botellas de agua escondidas en la cuesta de Petracos, gracias por los consejos, gracias por esos cambios de ritmo que me han hecho batir mi marca ¡¡¡dos veces!!!; gracias por esas botellas de agua en Pego… En fin, con amigos así, es más fácil enfrentarse a esos 42 km y pico.

Ahora me voy a correr unos 10km, más que nada para eliminar esa sensación de agobio. Después, maleta y, por la tarde, avión. Nos vemos a la vuelta.

Correr ya es un plan

Últimamente, he estado corriendo sin un plan determinado sin ningún objetivo fijo en mente. Simplemente, me ponía las zapatillas dos o tres veces por semana y salía a correr. La disminución de mi peso está influyendo positivamente sobre mi rendimiento, así que estoy ahora mismo en unos más que agradables 5’38”/km.

Corro por el simple gusto de correr, sin mirar mucho al crono, aunque reconozco que en la última recta siempre calculo si podré mejorar mis 52’03” en un circuito de 9,4km, que me ha hecho sufrir mucho en el pasado.

También sigo utilizando mis Asics Gel Kayano 16 y he decidido que, tan pronto las “agote”, volveré donde siempre debería haber estado: con New Balance.

Estas zapatillas, en un principio, me habían gustado, sobre todo por su cierre “transversal”, que parecía reforzar mi talón y corregir mi pronación. Sin embargo, con el paso de los km, me he dado cuenta que sigo cada día con más ampollas en los pies (y pase), y en una rozaduras en el pie derecho, a la altura del cuarto dedo. He cambiado de calcetines, he apretado más los cordones, he apretado menos… He intentado varias opciones, pero las rozaduras siguen ahí. También se trata de sensaciones más generales que hacen que, en mis próximas compras, volveré a New Balance.

Como decía en mi título de este post, correr también es, en sí, un plan, así que me limitaré a apuntar mis entrenamientos y navegar por las distintas Webs de corredores. Por cierto, tengo la sensación según la cual, por lo menos en Alicante, somos cada vez más. Por la zona que me ve sudar (la parte norte de la Gran Vía), me cruzo con muchos corredores/as y sigo sin saber cómo hay que comportarse. Ya he escrito sobre este asunto, pero nunca he llegado a una conclusión interesante.

¿Ignorarse? Imposible, además es estúpido. Nos vemos venir corriendo uno en frente de otro desde hace por lo menos 50 metros y, justo cuando llegamos a la altura de cruzarnos, miramos al suelo. Qué tontería.

¿Sonreír? Bueno, a veces lo he intentado, pero parece que nadie contesta. Entiendo que uno se está esforzando, quizás el otro/a lleve unos cuantos km encima y lo único que NO le apetece es sonreír.

¿Algún gesto, como los motoristas? He buscado en el lenguaje de signos la palabra correr y más o menos, debería ser ésta:

correr en el lenguaje de signos

correr en el lenguaje de signos

La veo bastante oportuna para los corredores, y tampoco costaría hacerse una señal. No es que está buscando a toda costa saludar a la peña, pero sigo buscando una alternativa a la incómoda (para mí) sensación de cruzarse con otro corredor y hacer como que no existe.

Bueno, ahora toca ir a descansar, que mañana es otro día. Por si interesa a alguien, pongo también el plan que secretamente voy a seguir, por si me decido a ir al Maratón de Sevilla. Hmmm, veremos.

Plan_Entrenamiento

Cómo perder la forma en 23 días

En esta época en la que empieza la temible “Operación bikini“, yo he ido a contracorriente (como casi siempre). Mientras todo el mundo sale a correr y en el parking del Decathlon (por no hablar de los pasillos) no cabe un alfiler, yo me he tirado 23 días a la bartola.

Desde que terminé el Maratón de Vitoria el pasado 8 de mayo, había calzado las zapatillas sólo para ir a dar un par de paseos alegres, con micro trotes de 2 minutos, acompañando a mi mujer. Después estiramientos, flexiones, dorsales y abdominales, pero poco más.

Así que ayer, convencido un poco por el aburrimiento, otro poco por las ganas de correr y otro poco más por este clima inusitadamente fresco de Alicante en estas fechas, me he calzado mis nuevas Asics Gel-Kayano 16, me he ido correr. Y, justo al lado de la puerta de mi casa, una más que desagradable experiencia que os cuento.

Al salir del portal, paso en el medio de un grupo de unos 5 o 6 chicos de una etnia minoritaria, históricamente desfavorecida y marginada socialmente, muy arraigada en el territorio alicantino. Pues, a estos chicos, mi sobrepeso y los “leggis” (no sé, interpreto que se trataba de los pantalones ajustados, que no eran éstos, pero bastante parecidos) les han hecho la suficiente gracia como para hacérmelo notar, ya que tampoco estaban tocados por el don de la discreción.

Imaginaos la escena: yo 41 años, y ellos no más de 15. Opciones:

A. Darse la vuelta y emprenderla a hostia limpia. Hubiera sido un espectáculo poco digno y bastante violento, sobre todo para ellos.

B. Seguir andando, haciendo que no he oído, mientras todos sabemos que he oído, y bien.

C. Darse la vuelta y analizar con ellos las razones de su malestar, el porque de su rechazo a las normas sociales generalmente aceptadas (educación y/o urbanidad, menudos “palabros”) y esa confusión que te trastorna cuando eres adolescente.

D. Darse la vuelta y llamarles “Pertenecientes-a-una-etnia-minoritaria,-históricamente-desfavorecida-y-marginada-socialmente” de mierda, os voy a partir la cara. Y pasar, después a la Opción A.

Evidentemente, he optado por la Opción B, aunque no tengo claras las razones. Les sigo dando vueltas y tampoco tengo muy claras las motivaciones de esta elección, pero el caso es que así fue y empecé a correr. Tenía pensado dar una vuelta de unos 7,5km, así, como quien no quiere la cosa, total, si yo soy un finisher, esas distancias minúsculas me dan la risa floja.

Pues, no que no me la daba la risa floja. He tenido que acortar el entrenamiento y cambiar el recorrido por uno más corto, de 4,83km, que he recorrido, no sin dificultad, en 29’15” (6’03”/km).

¿Qué ha pasado? Pues, que no es bueno descansar tanto tiempo (3 semanas), en las cuales, además, me he dedicado a comer más de la cuenta. Y poca excusa puede ser la de haber tenido mi madre en casa, que no ha hecho otra cosa que cocinar TODOS mis platos preferidos (y son muchos), amén de rellenar hasta lo inverosímil el congelador con comida para los próximas semanas.

Así que ya estamos empezando otra vez un régimen un poco más sano y volviendo, paulatinamente, a correr por lo menos 3 veces por semana. Y que el próximo entrenamiento sea, por lo menos, de 7,5km.

Próximas decisiones: decidir entre participar en el Maratón de San Sebastián o el de Valencia.