Tiradas largas: lo que se aprende corriendo

Hoy era el día en el que, en la quinta semana del Plan de Entrenamiento, tocaba una tirada larga, pero larga de verdad. He corrido 2h33’49” para recorrer 24,4km. El ritmo, pues, ha sido bastante flojo (6’18”/km) que creo ha ido bajando desde un aceptable 5’58”/km sobre el km 15, para ir amainando paulatinamente. En todo caso, tenía pensado usar estas tiradas largas (me quedan 3 para los próximos tres domingos) para aprender a beber y comer algo mientras corro. Tengo pánico a una pájara y no querría retirarme del Maratón de Vitoria porque se me nubla la vista.

De momento, objetivo conseguido. He conseguido beber mi Acuarius y una barrita de Isostar de un sabor que no consigo recordar. Pero también he aprendido otras cosas, que cuento, por si pueden ser de interés para alguien.

Tiradas Largas

Las tiradas largas deben ser por la mañana. Esa brisa pomeridiana que te alivia a las 5 de la tarde, dos horas y media después se convierte en un frío viento que te hiela. Y además, ¡tienes la camiseta empapada de sudor!!!

Vaselina

Si crees que hay partes de tu cuerpo que no rozarán, te equivocas. Vaselin is not enough, never!

Cinturones Porta bidón

¡Pesan! Empiezas a correr y tienes medio kilo más, y no contabas con él. Además, se mueve y, hasta que no encuentras su posición más cómoda, han pasado un par de km. Ah, por cierto, éstos también producen rozaduras. También es cierto que es un buen sitio para dejar las llaves del coche, la barrita, la bebida, vamos, que parece un bolso (pesado) de una mujer (y que nadie salte con que esto es machismo, please). Lo mejor, en estos casos, es dar la lata a parejas/amigos para que te esperen en determinados puntos para surtirte.

Cuestas

La cuestecita que, en la primera hora, te parecía hasta agradable, para probarte; en la segunda hora se convierte en un sufrimiento indecible. Las cuestas, si puedes, evítalas: ¡duelen!

Bueno, y por hoy, ya está. A cenar algo y a dormir, que mañana empieza otra semana.

Test de esfuerzo

Hoy me he sometido al test de esfuerzo, un poco por presión de mi mujer y un poco porque es lógico que, si me preparo para una prueba deportiva importante, es mejor estar seguros de la condición física.

¿Cómo es un test de esfuerzo? Pues, te ponen unos cuantos “cables” por el tórax y, de paso, te depilan con la maquinilla, haciéndote unos “peinados” que te impedirán ir a cualquier playa/piscina sin pasar mucha vergüenza.

Una vez “cableado”, te subes a una cinta de correr, de las de toda la vida. En mi caso, tuve la sensación de que las barras laterales estaban demasiado cerca y me he agobiado un poco. Se empieza con un paseo (siempre con el plano inclinado cuesta arriba) y el médico va aumentando la velocidad, hasta que, de repente, te encuentras metiéndole caña a una cuesta arriba del copón (o, por lo menos, ésta ha sido mi sensación).

Cuando ya empezaba a agobiarme (juro que no es divertido correr con muchos cables colgando), he preguntado si ya estaba y, al recibir respuesta positiva, la máquina infernal (eso me parecía en ese momento) ha aminorado la velocidad, hasta pararse.

¿Resultados? Sano y apto para correr. Mi frecuencia máxima debería ser 170 p.m. y no es conveniente, según el médico (y le creo) entrenar a más pulsaciones por minuto. Mi frecuencia media debería de estar alrededor de 157 p.m.

Lo curioso es que, al ir a correr el entrenamiento que tocaba (65′ según el Plan de Entrenamiento Plan de Entrenamiento), con mi nuevo POLAR (lo sé, tanto despotricar contra esta marca, para después comprarme otro modelo, por la friolera cantidad de 49,90€ en Decathlon), he hecho los 11,3 km en 1h07’01” (5’55/km) a unos aceptables 158 p.m. Casi clavo las recomendaciones del cardiólogo.

Ya ha pasado la tos, ya tengo el ok de los médicos, sólo toca correr y acercarse a la fecha del 8 de mayo en la mejor de las formas posibles. Keep on runnin’.

Correr e irse de fiesta

Irse de fiesta es absolutamente incompatible para la práctica del correr, pero, ¿cómo sustraerse a un cumpleaños de un querido amigo que ha llegado a los 40 años?

Pues, uno no se “sustrae” y se mete en los fregados festivos que han impedido poder cumplir a rajatabla con el plan de entrenamiento (la evolución aquí: Plan de Entrenamiento) para el Maratón de Vitoria.

Menos mal que el domingo por la mañana estaba ya recuperado y he podido ir a rodar mis 90′ (1h27’28”; 5’46”/km, que, para mí, no está mal).

Me ha sorprendido, de forma desagradable, el estado de las carreteras de campo de mi pueblo, llenas de basura y de perros abandonados. Por una vez que vuelvo al pueblo, y me encuentro con ese panorama, que es para llorar.

Ambas cosas son una muestra más de la falta de sentido cívico del personal. Todavía no entiendo qué lleva a una persona a:

  1. meter la basura en el su bolsita;
  2. cargarla en el coche;
  3. hacer varios km, hasta llegar al campo;
  4. tirar por la ventanilla la porquería.

No creo que sea “casualidad” sino un perverso sentimiento de querer hacer daño. Con lo añadido de soltar a pobres perros que, como ya no hacen gracia en casa, sueltan por ahí. Se me ocurren varias medidas sancionadoras para este tipo de personas, pero ninguna es publicable.

En fin, mejor ir pensando cómo y cuándo recuperar las dos sesiones de 8×1000 que he perdido en estas dos semanas.

Por cierto, sigo corriendo sin mi Polar T31, ya que no he encontrado el recambio. He dejado mi dirección de correo a Decathlon para que me avisen cuando tengan uno en stock, pero sigo sin noticias. Les doy esta semana de tiempo y, si no tengo respuesta, me voy a comprarlo a los chicos de la tienda de Bergara, que parecen más cumplidores.