Volviendo a correr, poco a poco

Aquí estamos otra vez poniendo un poco de orden entre el trabajo y las minivacaciones (es decir, no trabajo por las tardes). La semana pasada he salido a correr 3 veces y, en total, sólo he hecho 15km. No me puedo quejar, aunque debería ponerme más en serio para recuperar por lo menos una apariencia de forma.

Debido al calor, también he salido a andar un par de veces más y he hecho algún que otro ejercicio de abdominales, dorsales y flexiones. También he intentado volver a hacer dominadas, pero, afortunadamente para mi autoestima, no he encontrado una barra que sujete mi peso. Así siempre puedo decir: “Lo intentaré mañana”. Tengo mis serias dudas sobre si estos ejercicios ayudan a mi forma de correr, pero conseguir (por lo menos una vez) poner el mentón por encima de la barra es una inyección de autoestima increíble.

Por el resto, tampoco hay mucho más que contar: las mañanas trabajando, las tardes escuchando música, lectura y esperando a que amaine el calor (ya se que amainar se usa para el viento, pero ya me entendéis). Entre sudada y sudada, sigo deshojando la margarita para saber si me apunto al Maratón de Valencia o al de Donostia. ¿Presupuesto o novedad? En fin, siguen abiertas las opciones.

Corriendo por Mallorca

El sábado pasado, aprovechando un fin de semana por Mallorca, me he despertado tempranito y me he dado el gusto de correr por el paseo marítimo. Hace tiempo, leí en la revista Runner’s que había mucha gente que aprovechaba sus viajes para recorrer las ciudades que visitaba. Decían que era una forma estupenda para conocer la ciudad que visitaban y, a la vista de mi experiencia, tenían toda la razón.

Era la primera vez que visitaba la ciudad de Palma y tengo que decir que me ha encantado. Espero repetir pronto, quizás en un periodo en el que haga un pelín menos de calor, que, junto con el peso, es mi peor enemigo.

Temía que la visita hecha a un simpático mesón, con gran variedad de vino, hiciera mella en mi ya casi inexistentes facultades para correr. Pero la cosa tampoco estaba tan mala y, en pocos minutos, ya he tomado mi ritmo de vacaciones, corriendo y disfrutando del panorama.

Mucho sol, un mar brillante y la Catedral eran parte de un marco verdaderamente bonito, que invitaba a correr con la cabeza bien alta y no perderse ningún detalle. Tengo que admitir que, después del maratón, andaba un poco falto de motivación para correr, pero con este panorama era imposible no pasarlo bien.

He llegado desde el puerto hasta un espolón que hay en dirección del aeropuerto, donde me he dado la vuelta y he vuelto hacia el hotel. El ritmo no ha sido para impresionar (6,1km, en 37’55”; 6’12”/km), pero he vuelto a disfrutar como hacía tiempo que no sucedía.

Además, en el trayecto de vuelta, me he “enganchado” con otro corredor local que, a ojo, tenía más o menos mi ritmo (y mi problema de peso). Después de un ratito en el cual hemos ido corriendo a la par, me he decidido en entablar conversación.

Nos ha dado tiempo de hablar sobre el placer de correr, de nuestra lucha contra el peso y de todo lo que cabía en una charla de un par de km. Al final, nos hemos saludado y el corredor mallorquín ha seguido por su camino, mientras yo me paraba en un jardín a la sombra, para los estiramientos de rigor. Ni siquiera sé cómo se llamaba mi compañero de viaje, pero ha sido todo un gusto compartir este breve trayecto con él y volver a descubrir lo maravilloso que es correr.

En unos días me mudaré al pueblo, donde espero retomar con más asiduidad los entrenamientos, en vistas del maratón de noviembre. Por cierto, todavía no he decidido entre San Sebastián y Valencia. La primera me fascina por su recorrido, pero la segunda afectará menos al presupuesto.

¿Alguien se ofrece para ayudarme en la decisión?

Cómo perder la forma en 23 días

En esta época en la que empieza la temible “Operación bikini“, yo he ido a contracorriente (como casi siempre). Mientras todo el mundo sale a correr y en el parking del Decathlon (por no hablar de los pasillos) no cabe un alfiler, yo me he tirado 23 días a la bartola.

Desde que terminé el Maratón de Vitoria el pasado 8 de mayo, había calzado las zapatillas sólo para ir a dar un par de paseos alegres, con micro trotes de 2 minutos, acompañando a mi mujer. Después estiramientos, flexiones, dorsales y abdominales, pero poco más.

Así que ayer, convencido un poco por el aburrimiento, otro poco por las ganas de correr y otro poco más por este clima inusitadamente fresco de Alicante en estas fechas, me he calzado mis nuevas Asics Gel-Kayano 16, me he ido correr. Y, justo al lado de la puerta de mi casa, una más que desagradable experiencia que os cuento.

Al salir del portal, paso en el medio de un grupo de unos 5 o 6 chicos de una etnia minoritaria, históricamente desfavorecida y marginada socialmente, muy arraigada en el territorio alicantino. Pues, a estos chicos, mi sobrepeso y los “leggis” (no sé, interpreto que se trataba de los pantalones ajustados, que no eran éstos, pero bastante parecidos) les han hecho la suficiente gracia como para hacérmelo notar, ya que tampoco estaban tocados por el don de la discreción.

Imaginaos la escena: yo 41 años, y ellos no más de 15. Opciones:

A. Darse la vuelta y emprenderla a hostia limpia. Hubiera sido un espectáculo poco digno y bastante violento, sobre todo para ellos.

B. Seguir andando, haciendo que no he oído, mientras todos sabemos que he oído, y bien.

C. Darse la vuelta y analizar con ellos las razones de su malestar, el porque de su rechazo a las normas sociales generalmente aceptadas (educación y/o urbanidad, menudos “palabros”) y esa confusión que te trastorna cuando eres adolescente.

D. Darse la vuelta y llamarles “Pertenecientes-a-una-etnia-minoritaria,-históricamente-desfavorecida-y-marginada-socialmente” de mierda, os voy a partir la cara. Y pasar, después a la Opción A.

Evidentemente, he optado por la Opción B, aunque no tengo claras las razones. Les sigo dando vueltas y tampoco tengo muy claras las motivaciones de esta elección, pero el caso es que así fue y empecé a correr. Tenía pensado dar una vuelta de unos 7,5km, así, como quien no quiere la cosa, total, si yo soy un finisher, esas distancias minúsculas me dan la risa floja.

Pues, no que no me la daba la risa floja. He tenido que acortar el entrenamiento y cambiar el recorrido por uno más corto, de 4,83km, que he recorrido, no sin dificultad, en 29’15” (6’03”/km).

¿Qué ha pasado? Pues, que no es bueno descansar tanto tiempo (3 semanas), en las cuales, además, me he dedicado a comer más de la cuenta. Y poca excusa puede ser la de haber tenido mi madre en casa, que no ha hecho otra cosa que cocinar TODOS mis platos preferidos (y son muchos), amén de rellenar hasta lo inverosímil el congelador con comida para los próximas semanas.

Así que ya estamos empezando otra vez un régimen un poco más sano y volviendo, paulatinamente, a correr por lo menos 3 veces por semana. Y que el próximo entrenamiento sea, por lo menos, de 7,5km.

Próximas decisiones: decidir entre participar en el Maratón de San Sebastián o el de Valencia.