El Maratón de San Sebastián, ahora toca Praga

La verdad es que he dejado abandonado este blog y no se lo merece. Hasta he tenido problemas para recordar la cuenta y la contraseña…

En fin, por dónde iba… A sí, por una deficiente preparación para el Maratón de San Sebastián que, increíblemente, logré terminar con un tiempo de 4h27’00” (tercer finisher!).

Dicho así, parece que no estoy contento y es todo lo contrario. Llegaba a la cita con los ánimos por los suelos (cosas que pasan); me había parado un buen rato (casi 2 semanas) por una lesión en un pie. Después me habían entrado las dudas típicas de “¿Qué estoy haciendo?”, “¿De verdad quieres sufrir otra vez esto de los 42km?”, “¿No te ha bastado con Sevilla?”. Por último, unos dolores de rodilla que me ha hecho dudar hasta el último momento.

Y cuando digo “último momento“, lo digo de forma literal: he tenido la seguridad de acabar la carrera sólo cuando he entrado en la pista de Anoeta.

Además, en San Sebastián no he parado de correr en ningún momento, ni siquiera en los avituallamientos (perfectos, por otro lado).

La crónica completa de la carrera seguro que los interesados la habrán leído por ahí. Yo sólo puedo añadir mi parte: ciudad preciosa (he contado como unos 200 edificios donde no me importaría nada establecer mi morada); comida… bueno, pa qué; carrera perfecta (¡¡¡con lluvia!!!) y mi rodilla ha aguantado hasta el final. ¿Que no he hecho mi mejor tiempo? Pues, otra vez será.

Y hablado de “otras veces”, ya he organizado el viaje a Praga. Esta vez no sólo iré con mi señora (sufridora que me acompaña a estas cosas de correr), sino que iré con dos pedazos de veteranos, unos de los cuales, amigo mío y poseedor de un 3h15′, con sus casi 50 tacos.

Ellos saben perfectamente que soy INFINITAMENTE más lentos que ellos, pero no quiero quedar DEMASIADO mal. Así que, esta vez sí, intentaré bajar como sea de las 4h. Hasta me he puesto a régimen y todo.

Ya os iré contando. Tan pronto como se esfumen los últimos efectos de esta gastroenteritis, empiezo mi plan de entrenamiento de siempre. Por cierto, voy a ver si encuentro otro plan. ¿Cómo era aquella frase famosa? “Si quieres algo diferente, haz algo diferente”. Seguro que no era así, pero ya nos entendemos.

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Vuelta al blog: lo que pasó en el Medio Maratón de Alicante

He tenido muy abandonado este blog que, sin explicación aparente, todavía sigue teniendo alguna que otra visita (gracias). Vuelvo a escribir cuatro cositas, en vista del maratón de San Sebastian del próximo 25 de noviembre.

He empezado el entrenamiento hace ya un mes largo y he pasado por una prueba intermedia, del Medio Maratón de Alicante, que ha sido un auténtico desastre. Esto me ha hecho reflexionar sobre mi estado actual y ver cómo me encaro a la prueba de noviembre.

La carrera discurría por la ciudad donde resido desde hace ya algunos años y el recorrido no me ha sorprendido. Lo que sí me ha sorprendido, de forma desagradable, han sido las cuestas y la organización, que puede (debe) mejorar.

Por partes: las cuestas.

Peso lo que peso, pero no estoy en tan mala forma (creo). Así que me he tomado la carrera como un entrenamiento con dorsal. Hasta el km 6 todo bien, hasta con un poco de ventaja sobre el tiempo calculado (unos normales 6’/km). Pero, cuando se termina la playa, empieza la cuesta de la Avenida de Denia

Por Dios, más de un km con pendiente constante, sin respiros y bajo un sol que se estaba empezando a notar. No sé cómo he llegado al final de la cuesta (con subre-y-baja de un túnel incluido) y empiezo la bajada para ir hacia la zona de la “Cantera“. Siento no ser más preciso para la gente que no es de Alicante.

Sé que en el km10 hay avituallamiento, así que me tomo mi glucosa, para enjuagarme la boca con el agua que me van a dar. Pero… el avituallamiento está encima de ¡¡¡otra cuesta!!! Faltan un centenar de metros para beber y me veo a un hombre tirado en el suelo, debajo de una moto. Ya hay miembros de la organización atendiendo a los heridos, así que me desentiendo del asunto. Al día siguiente, me entero que un abuelito ha querido cruzar por donde no tocaba y un scooter se lo ha llevado por delante. Por lo que parece, todo se ha quedado en un susto.

Km10: bebo y me lo tomo con calma. Estoy asfixiado por el calor, así que voy unos metros andando. Total, los pocos que me adelantan los pillaré más adelante…

Llegamos al centro de la ciudad y parece una película de zombies. Nadie por la calle, si no contamos a los sufridos corredores de cola (como yo), que nos vemos y nos las deseamos con el calor. Llego al km14 y veo que, en el otro lado (km15) queda poca agua… ¡No me lo puedo creer!

Cuando me toca a mí, la organización ya está desmantelando “la paraeta” y, afortunadamente, un chaval de la organización me da su botellín de agua. Oigo como los compañeros le dicen: “Le has dado la vida“. Imaginad qué cara llevaba yo…

Centro de Alicante, bonito y con los edificios que hacen sombra (menos mal), pero de gente animando, pues, qué os voy a contar. Última cuesta, desde el km 18 hacia el final y pillo a los que me adelantaron en el km10. Veo cómo el SAMU atiende a otro corredor que no ha podido con la cuesta y está tumbado en la acera. Esto debería hacer reflexionar a la gente de la organización… En todo caso, por lo que he leído en los periódicos locales al día siguiente, no ha pasado nada grave.

Llego a la meta, con media vuelta a la pista de atletismo. Se agradece la presencia de la familia (ya había estado animando en otro tramo de pesadilla, en el km13) y llego a la meta. 2h22’20”: NUNCA había ido tan mal la cosa.

Pero he llegado. Unas chicas muy monas me cuelgan la medalla. Al día siguiente me entero que eran las Belleas del Foc. Voy a por bebida y sólo hay agua. Ni bebidas isotónicas ni colas. Para los últimos, no hay consuelo. Sólo habrá unas 40 personas detrás de mí (1180 llegados), pero, caray, creo que un Acuarius bien nos lo merecíamos, ¿no?

Desconsolado, me voy hacia mi señora, que me nota más fatigado de la cuenta. ¿Explicaciones? Cuestas, sol, kg de más y escasa hidratación. Menos mal que en el coche (eso sí, hemos podido aparcar bien), tenía yo mi bebida isotónica.

El año que viene, qué queréis que os diga, aunque sea en mi ciudad, me pensaré más de una vez si me apunto o no a este sufrimiento.

Por cierto, éste es mi estado actual de entrenamiento, en vistas del ya mencionado Maratón de San Sebastián.

Plan_Entrenamiento_San_Sebastián

A ver si me da tiempo a “tapar” las casillas rojas (entrenamientos saltados). Me conformaría con que no aumentaran esas marcas rojas…

¿Me apunto al Maratón de San Sebastián 2012?

Ando yo luchando contra el calor y la báscula (batallas perdida de antemano) y le doy vueltas a la locura de apuntarme al Maratón de San Sebastián de este año…

Pues, no sé, debería empezar hoy a correr, cuando nos encontramos en plena ola de calor, con algún kilo de más (esto es lo de siempre), con el tiempo justo…

Para recordarme a mí mismo lo estúpido que es correr sin haber entrenado, pongo la foto de la Carrera de Benitatxell, que fueron sólo 7,6km y terminé así…

Volviendo a correr, poco a poco

Aquí estamos otra vez poniendo un poco de orden entre el trabajo y las minivacaciones (es decir, no trabajo por las tardes). La semana pasada he salido a correr 3 veces y, en total, sólo he hecho 15km. No me puedo quejar, aunque debería ponerme más en serio para recuperar por lo menos una apariencia de forma.

Debido al calor, también he salido a andar un par de veces más y he hecho algún que otro ejercicio de abdominales, dorsales y flexiones. También he intentado volver a hacer dominadas, pero, afortunadamente para mi autoestima, no he encontrado una barra que sujete mi peso. Así siempre puedo decir: “Lo intentaré mañana”. Tengo mis serias dudas sobre si estos ejercicios ayudan a mi forma de correr, pero conseguir (por lo menos una vez) poner el mentón por encima de la barra es una inyección de autoestima increíble.

Por el resto, tampoco hay mucho más que contar: las mañanas trabajando, las tardes escuchando música, lectura y esperando a que amaine el calor (ya se que amainar se usa para el viento, pero ya me entendéis). Entre sudada y sudada, sigo deshojando la margarita para saber si me apunto al Maratón de Valencia o al de Donostia. ¿Presupuesto o novedad? En fin, siguen abiertas las opciones.

Corriendo por Mallorca

El sábado pasado, aprovechando un fin de semana por Mallorca, me he despertado tempranito y me he dado el gusto de correr por el paseo marítimo. Hace tiempo, leí en la revista Runner’s que había mucha gente que aprovechaba sus viajes para recorrer las ciudades que visitaba. Decían que era una forma estupenda para conocer la ciudad que visitaban y, a la vista de mi experiencia, tenían toda la razón.

Era la primera vez que visitaba la ciudad de Palma y tengo que decir que me ha encantado. Espero repetir pronto, quizás en un periodo en el que haga un pelín menos de calor, que, junto con el peso, es mi peor enemigo.

Temía que la visita hecha a un simpático mesón, con gran variedad de vino, hiciera mella en mi ya casi inexistentes facultades para correr. Pero la cosa tampoco estaba tan mala y, en pocos minutos, ya he tomado mi ritmo de vacaciones, corriendo y disfrutando del panorama.

Mucho sol, un mar brillante y la Catedral eran parte de un marco verdaderamente bonito, que invitaba a correr con la cabeza bien alta y no perderse ningún detalle. Tengo que admitir que, después del maratón, andaba un poco falto de motivación para correr, pero con este panorama era imposible no pasarlo bien.

He llegado desde el puerto hasta un espolón que hay en dirección del aeropuerto, donde me he dado la vuelta y he vuelto hacia el hotel. El ritmo no ha sido para impresionar (6,1km, en 37’55”; 6’12”/km), pero he vuelto a disfrutar como hacía tiempo que no sucedía.

Además, en el trayecto de vuelta, me he “enganchado” con otro corredor local que, a ojo, tenía más o menos mi ritmo (y mi problema de peso). Después de un ratito en el cual hemos ido corriendo a la par, me he decidido en entablar conversación.

Nos ha dado tiempo de hablar sobre el placer de correr, de nuestra lucha contra el peso y de todo lo que cabía en una charla de un par de km. Al final, nos hemos saludado y el corredor mallorquín ha seguido por su camino, mientras yo me paraba en un jardín a la sombra, para los estiramientos de rigor. Ni siquiera sé cómo se llamaba mi compañero de viaje, pero ha sido todo un gusto compartir este breve trayecto con él y volver a descubrir lo maravilloso que es correr.

En unos días me mudaré al pueblo, donde espero retomar con más asiduidad los entrenamientos, en vistas del maratón de noviembre. Por cierto, todavía no he decidido entre San Sebastián y Valencia. La primera me fascina por su recorrido, pero la segunda afectará menos al presupuesto.

¿Alguien se ofrece para ayudarme en la decisión?

Cómo perder la forma en 23 días

En esta época en la que empieza la temible “Operación bikini“, yo he ido a contracorriente (como casi siempre). Mientras todo el mundo sale a correr y en el parking del Decathlon (por no hablar de los pasillos) no cabe un alfiler, yo me he tirado 23 días a la bartola.

Desde que terminé el Maratón de Vitoria el pasado 8 de mayo, había calzado las zapatillas sólo para ir a dar un par de paseos alegres, con micro trotes de 2 minutos, acompañando a mi mujer. Después estiramientos, flexiones, dorsales y abdominales, pero poco más.

Así que ayer, convencido un poco por el aburrimiento, otro poco por las ganas de correr y otro poco más por este clima inusitadamente fresco de Alicante en estas fechas, me he calzado mis nuevas Asics Gel-Kayano 16, me he ido correr. Y, justo al lado de la puerta de mi casa, una más que desagradable experiencia que os cuento.

Al salir del portal, paso en el medio de un grupo de unos 5 o 6 chicos de una etnia minoritaria, históricamente desfavorecida y marginada socialmente, muy arraigada en el territorio alicantino. Pues, a estos chicos, mi sobrepeso y los “leggis” (no sé, interpreto que se trataba de los pantalones ajustados, que no eran éstos, pero bastante parecidos) les han hecho la suficiente gracia como para hacérmelo notar, ya que tampoco estaban tocados por el don de la discreción.

Imaginaos la escena: yo 41 años, y ellos no más de 15. Opciones:

A. Darse la vuelta y emprenderla a hostia limpia. Hubiera sido un espectáculo poco digno y bastante violento, sobre todo para ellos.

B. Seguir andando, haciendo que no he oído, mientras todos sabemos que he oído, y bien.

C. Darse la vuelta y analizar con ellos las razones de su malestar, el porque de su rechazo a las normas sociales generalmente aceptadas (educación y/o urbanidad, menudos “palabros”) y esa confusión que te trastorna cuando eres adolescente.

D. Darse la vuelta y llamarles “Pertenecientes-a-una-etnia-minoritaria,-históricamente-desfavorecida-y-marginada-socialmente” de mierda, os voy a partir la cara. Y pasar, después a la Opción A.

Evidentemente, he optado por la Opción B, aunque no tengo claras las razones. Les sigo dando vueltas y tampoco tengo muy claras las motivaciones de esta elección, pero el caso es que así fue y empecé a correr. Tenía pensado dar una vuelta de unos 7,5km, así, como quien no quiere la cosa, total, si yo soy un finisher, esas distancias minúsculas me dan la risa floja.

Pues, no que no me la daba la risa floja. He tenido que acortar el entrenamiento y cambiar el recorrido por uno más corto, de 4,83km, que he recorrido, no sin dificultad, en 29’15” (6’03”/km).

¿Qué ha pasado? Pues, que no es bueno descansar tanto tiempo (3 semanas), en las cuales, además, me he dedicado a comer más de la cuenta. Y poca excusa puede ser la de haber tenido mi madre en casa, que no ha hecho otra cosa que cocinar TODOS mis platos preferidos (y son muchos), amén de rellenar hasta lo inverosímil el congelador con comida para los próximas semanas.

Así que ya estamos empezando otra vez un régimen un poco más sano y volviendo, paulatinamente, a correr por lo menos 3 veces por semana. Y que el próximo entrenamiento sea, por lo menos, de 7,5km.

Próximas decisiones: decidir entre participar en el Maratón de San Sebastián o el de Valencia.