Piove! Governo Ladro

Utilizo esta expresión italiana (para curiosos, aquí) para mostrar mi malestar por no poder ir a correr. Si no es una cosa, es otra. Ahora le toca el turno a mi garganta, que no me deja ni tragar agua. Culpa de un virus, dicen los que saben, y yo me quedo tal cual.

Mi plan de entrenamiento para el Maratón de Sevilla se demora, todavía no me he inscrito a la Media Maratón de Santa Pola y, obviamente, me saltaré la Media Maratón de Benidorm.

¡¡¡Qué aburrido es no poder correr!!!

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Dónde estoy ahora

Ha pasado el verano, en el que he aumentado de forma espectacular mi peso, hasta sobrepasar el límite psicológico de las tres cifras. Con esa forma física, no era el caso de tomarse en serio lo de correr, así que, pasadas las fiestas del pueblo, por primera vez en mi vida, me he puesto a dieta.

Como muchas personas este año, me he decidido por la dieta de moda de este año, que evito mencionar, ya que tiene publicidad de sobra. En todo caso, me sigue todos los días mi médico de cabecera. Que conste que los (supuestos) éxitos de esta dieta, bajo control médico, pueden resultar no beneficiosos para otros/as, así que, si os queréis poner a régimen, acudid a un especialista y desconfiad de lo que leáis en Internet (incluso en este mismo blog).

Dicho esto, he empezado el régimen pesando 102kg y, 4 semanas después, peso 93kg. Entre medias, he hecho ejercicio de forma constante, he bebido mucha agua y (lo digo una vez más) he sido seguido por un médico. A principios, me ha costado mucho ir a correr, porque, creedme, no tenía fuerzas en las piernas. A los 3,5km tenía que parar e irme para casa.

Me han dicho que eso era normal, que sin azúcares ni carbohidratos no vas a ninguna parte (corriendo) así que, con tranquilidad, he seguido entrenando. He alternado las carreras con caminatas largas a un buen ritmo y siempre añadiendo ejercicios de abdominales, dorsales y flexiones, que nunca vienen mal.

Llegado el mes de septiembre (y el deseado fresquito), he vuelto a correr, haciendo circuitos de 6,8km, 3 o 4 veces por semana, con los consabidos ejercicios de gimnasio casero. Ahora me he encaprichado de las dominadas y, tarde o temprano, volveré a levantarme por encima de la barra, como en mis años de juventud. De momento, ni una, pero iremos informando. También tengo que decir que es muy difícil encontrar un sitio donde entrenar, con seguridad, este ejercicio. No sé si sirve para correr mejor, pero soy cabezón y quiero intentar a volver a subir el mentón por encima de la barra (por lo menos una vez). A propósito, si alguien tiene algún consejo que darme para las dominadas, adelante.

La semana pasada me convencieron para que me apuntara a la carrera de Beniarbeig y volví a sentir las ganas de ponerme un dorsal. Además, el tiempo me ha sorprendido a mí mismo, así que, aquí estamos de nuevo, con ganas de correr, escribir y, a pesar de los buenos propósitos de antes de verano, me concentraré en la Media Maratón de Santa Pola en enero (sería mi tercera participación) y, Dios mediante (suena antiguo, pero me gusta) el Maratón de Sevilla en febrero.

Keep on runnin’

Los amigos del corredor

Intentando terminar este verano en el que he estado pendiente del ordenador todos los días (lo del autónomo es lo que tiene), me he dado cuenta del daño que hacen los “amigos del corredor” a nuestra salud de runners. Todos conocemos quiénes son estos “amigos del corredor“, pero no está de más subrayar algunas características básicas de esta peligrosa especie.

Los “amigos del corredor” se caracterizan por las siguientes peculiaridades:

1. No han corrido en su p**a vida. Se trata de tus amigos de toda la vida, de esos que el único esfuerzo que se le ha visto realizar es el de correr de bar en bar y el levantamiento de copa en barra fija. Desprecian el ejercicio físico y sólo son tus amigos porque…, bueno, porque los amigos son así.

2. Comen y dejan comer. Los malditos han estado en centenares de cenas (puede que miles) contigo. Eso quiere decir que saben perfectamente que no te gustan tanto las chuletas de cordero, pero que matarías por una tortilla. Vamos, que conocen tus puntos débiles. Siempre los encuentras con un plato delante, aunque sea de un mini plato con una tapa. Uno de sus gritos preferidos es: “Venga, que tú puedes. ¿No eres el que corre maratones? Y te asusta repetir un plato de alitas de pollo?”.

3. Beben y dejan beber. La cerveza es consustancial a su ser. Los hay que se caracterizan por el botellín, y otros que prefieren las cañas, pero el líquido que ingieren es el mismo: cerveza. Sí, todo lo que queráis, que si es hidratante, que si tiene esto y lo otro, pero sigue siendo una bebida alcohólica, así que habrá que beber con moderación. Los hay también que se caracterizan por invitarte continuamente a la bebida típica del pueblo, de esas que en muy raras ocasiones bajan de los 40º. Estos también suelen repetir hasta la saciedad: “Venga esa cañita, que tú corres maratones y lo eliminas en seguida”.

Pues, estos amigos (y no mi escasa fuerza de voluntad, ni mi incapacidad para controlarme con la comida y vencer a la pereza estival), como decía, estos amigos han hecho que haya llegado peligrosamente a las 3 cifras de peso y que tenga que replantearme seriamente lo de los maratones de este otoño. Mucho me temo que, cuando termine este régimen (sí, por primera vez en mi vida estoy a régimen), si todo va bien, me apuntaré a la Media Maratón de Santa Pola y, Dios mediante, a la Maratón de Sevilla.

Ah, amigos…