Cómo perder la forma en 23 días

En esta época en la que empieza la temible “Operación bikini“, yo he ido a contracorriente (como casi siempre). Mientras todo el mundo sale a correr y en el parking del Decathlon (por no hablar de los pasillos) no cabe un alfiler, yo me he tirado 23 días a la bartola.

Desde que terminé el Maratón de Vitoria el pasado 8 de mayo, había calzado las zapatillas sólo para ir a dar un par de paseos alegres, con micro trotes de 2 minutos, acompañando a mi mujer. Después estiramientos, flexiones, dorsales y abdominales, pero poco más.

Así que ayer, convencido un poco por el aburrimiento, otro poco por las ganas de correr y otro poco más por este clima inusitadamente fresco de Alicante en estas fechas, me he calzado mis nuevas Asics Gel-Kayano 16, me he ido correr. Y, justo al lado de la puerta de mi casa, una más que desagradable experiencia que os cuento.

Al salir del portal, paso en el medio de un grupo de unos 5 o 6 chicos de una etnia minoritaria, históricamente desfavorecida y marginada socialmente, muy arraigada en el territorio alicantino. Pues, a estos chicos, mi sobrepeso y los “leggis” (no sé, interpreto que se trataba de los pantalones ajustados, que no eran éstos, pero bastante parecidos) les han hecho la suficiente gracia como para hacérmelo notar, ya que tampoco estaban tocados por el don de la discreción.

Imaginaos la escena: yo 41 años, y ellos no más de 15. Opciones:

A. Darse la vuelta y emprenderla a hostia limpia. Hubiera sido un espectáculo poco digno y bastante violento, sobre todo para ellos.

B. Seguir andando, haciendo que no he oído, mientras todos sabemos que he oído, y bien.

C. Darse la vuelta y analizar con ellos las razones de su malestar, el porque de su rechazo a las normas sociales generalmente aceptadas (educación y/o urbanidad, menudos “palabros”) y esa confusión que te trastorna cuando eres adolescente.

D. Darse la vuelta y llamarles “Pertenecientes-a-una-etnia-minoritaria,-históricamente-desfavorecida-y-marginada-socialmente” de mierda, os voy a partir la cara. Y pasar, después a la Opción A.

Evidentemente, he optado por la Opción B, aunque no tengo claras las razones. Les sigo dando vueltas y tampoco tengo muy claras las motivaciones de esta elección, pero el caso es que así fue y empecé a correr. Tenía pensado dar una vuelta de unos 7,5km, así, como quien no quiere la cosa, total, si yo soy un finisher, esas distancias minúsculas me dan la risa floja.

Pues, no que no me la daba la risa floja. He tenido que acortar el entrenamiento y cambiar el recorrido por uno más corto, de 4,83km, que he recorrido, no sin dificultad, en 29’15” (6’03”/km).

¿Qué ha pasado? Pues, que no es bueno descansar tanto tiempo (3 semanas), en las cuales, además, me he dedicado a comer más de la cuenta. Y poca excusa puede ser la de haber tenido mi madre en casa, que no ha hecho otra cosa que cocinar TODOS mis platos preferidos (y son muchos), amén de rellenar hasta lo inverosímil el congelador con comida para los próximas semanas.

Así que ya estamos empezando otra vez un régimen un poco más sano y volviendo, paulatinamente, a correr por lo menos 3 veces por semana. Y que el próximo entrenamiento sea, por lo menos, de 7,5km.

Próximas decisiones: decidir entre participar en el Maratón de San Sebastián o el de Valencia.

Tiradas largas: lo que se aprende corriendo

Hoy era el día en el que, en la quinta semana del Plan de Entrenamiento, tocaba una tirada larga, pero larga de verdad. He corrido 2h33’49” para recorrer 24,4km. El ritmo, pues, ha sido bastante flojo (6’18”/km) que creo ha ido bajando desde un aceptable 5’58”/km sobre el km 15, para ir amainando paulatinamente. En todo caso, tenía pensado usar estas tiradas largas (me quedan 3 para los próximos tres domingos) para aprender a beber y comer algo mientras corro. Tengo pánico a una pájara y no querría retirarme del Maratón de Vitoria porque se me nubla la vista.

De momento, objetivo conseguido. He conseguido beber mi Acuarius y una barrita de Isostar de un sabor que no consigo recordar. Pero también he aprendido otras cosas, que cuento, por si pueden ser de interés para alguien.

Tiradas Largas

Las tiradas largas deben ser por la mañana. Esa brisa pomeridiana que te alivia a las 5 de la tarde, dos horas y media después se convierte en un frío viento que te hiela. Y además, ¡tienes la camiseta empapada de sudor!!!

Vaselina

Si crees que hay partes de tu cuerpo que no rozarán, te equivocas. Vaselin is not enough, never!

Cinturones Porta bidón

¡Pesan! Empiezas a correr y tienes medio kilo más, y no contabas con él. Además, se mueve y, hasta que no encuentras su posición más cómoda, han pasado un par de km. Ah, por cierto, éstos también producen rozaduras. También es cierto que es un buen sitio para dejar las llaves del coche, la barrita, la bebida, vamos, que parece un bolso (pesado) de una mujer (y que nadie salte con que esto es machismo, please). Lo mejor, en estos casos, es dar la lata a parejas/amigos para que te esperen en determinados puntos para surtirte.

Cuestas

La cuestecita que, en la primera hora, te parecía hasta agradable, para probarte; en la segunda hora se convierte en un sufrimiento indecible. Las cuestas, si puedes, evítalas: ¡duelen!

Bueno, y por hoy, ya está. A cenar algo y a dormir, que mañana empieza otra semana.

Correr e irse de fiesta

Irse de fiesta es absolutamente incompatible para la práctica del correr, pero, ¿cómo sustraerse a un cumpleaños de un querido amigo que ha llegado a los 40 años?

Pues, uno no se “sustrae” y se mete en los fregados festivos que han impedido poder cumplir a rajatabla con el plan de entrenamiento (la evolución aquí: Plan de Entrenamiento) para el Maratón de Vitoria.

Menos mal que el domingo por la mañana estaba ya recuperado y he podido ir a rodar mis 90′ (1h27’28”; 5’46”/km, que, para mí, no está mal).

Me ha sorprendido, de forma desagradable, el estado de las carreteras de campo de mi pueblo, llenas de basura y de perros abandonados. Por una vez que vuelvo al pueblo, y me encuentro con ese panorama, que es para llorar.

Ambas cosas son una muestra más de la falta de sentido cívico del personal. Todavía no entiendo qué lleva a una persona a:

  1. meter la basura en el su bolsita;
  2. cargarla en el coche;
  3. hacer varios km, hasta llegar al campo;
  4. tirar por la ventanilla la porquería.

No creo que sea “casualidad” sino un perverso sentimiento de querer hacer daño. Con lo añadido de soltar a pobres perros que, como ya no hacen gracia en casa, sueltan por ahí. Se me ocurren varias medidas sancionadoras para este tipo de personas, pero ninguna es publicable.

En fin, mejor ir pensando cómo y cuándo recuperar las dos sesiones de 8×1000 que he perdido en estas dos semanas.

Por cierto, sigo corriendo sin mi Polar T31, ya que no he encontrado el recambio. He dejado mi dirección de correo a Decathlon para que me avisen cuando tengan uno en stock, pero sigo sin noticias. Les doy esta semana de tiempo y, si no tengo respuesta, me voy a comprarlo a los chicos de la tienda de Bergara, que parecen más cumplidores.

Días de descanso y mocos

Aprovecho estos dos días de descanso para resfriarme (otra vez). Parece una conjura de los gérmenes contra mi participación al Maratón de Vitoria, pero yo (de momento) resisto.

Lo que sí me ha fastidiado, más que los mocos, es haber descubierto que al transmisor Polar T31 no se le pueden cambiar las pilas sin destriparlo. Me parece bastante vergonzoso.

He aquí unos intentos (parece que logrados) de cambiar las pilas. Lo que parece de traca es lo que viene en la Web oficial del Producto:

“The average battery lifetime of Polar WearLink® transmitter is 2 years

Bien, dos años me parecen apropiados. De hecho, el mío ha empezado a fallar más o menos a los dos años (y pico) de haberlo comprado.

Pero lo escandaloso es esto:

Polar recommends that the transmitter battery be replaced by a Polar Service Center during the 2 years’ warranty time of the product.

Si las pilas duran dos (o más años) ni a mí ni a nadie se le ocurre ir a Polar para decirles: “Cambiadme las pilas”. Lo normal es esperar a que las baterías se agoten para ir a uno que sabe y que te las cambie sin destripar lo que has comprado.

Consejo útil para la próxima compra: sólo productos a los que se les puede cambiar las pilas sin destriparlos, ergo, NO COMPRÉIS EL POLAR T31. Una pena, funcionaba bien…

Y sigo: en la Web española (según dice Google), voy al apartado de Servicio Técnico y me encuentro con esto: Epic Fail!!!

Menos mal que en Decathlon me encuentro con una nueva cinta a menos de 7€. Pero la desgracia se ceba conmigo, y resulta que no está disponible. Dejo mi e-mail por si acaso llega, “ya me llamarán“. Encuentro la correa en una tienda on line de Bergara, que no tiene mala pinta. El precio es el mismo, pero me cargan otros 7€ de portes. No me parece mal, pero no me sale a cuento la jugada. Y es una pena, porqué sí que la tienda ésta tiene buena pinta; incluso he comprobado los aspectos legales y los tiene todos aparentemente en orden. Seguro que vuelvo a pasarme por aquí.

El caso es que mañana tocan los 8x1km y yo sin transmisor de mi frecuencia cardiaca. Sería una buena escusa para saltarse el entrenamiento, ¿no?