X Millas de Alfaz del Pí

Lo que he sufrido en esta carrera, ¡por Dios!

Breve resumen de la jornada. Mi Señora y yo madrugamos medio atontados por el cambio de la hora y con la inseguridad de no saber exactamente qué hora es.

Desayuno casero y mochila que ya había preparado la noche anterior. Si hubiera tenido que prepararla esta mañana, seguro que me dejaba la mitad de las cosas en casa.

En poco más de media hora, nos plantamos en el Polideportivo de Alfaz, donde hay que recoger el dorsal. Como me pasa a veces, no estoy en la lista, pero soy precavido, y me he traído el justificante de pago, así que no hay problemas.

Ayer llovió con ganas y los pocos que hemos llegado al polideportivo a estas tempranas horas miramos al cielo, para ver si adivinamos las intenciones metereológicas. Los del lugar dicen que no lloverá, como mucho un poco de viento, de cara, en las cuestas de llegada. Estas noticias no es que tranquilicen mucho, pero es lo que hay. Como tenemos tiempo (faltan casi 2 horas para la carrera), nos damos un paseo por el pueblo, para comprar el periódico y tomar un café.

El pueblo se está despertando y es curioso ver a los lugareños extrañándose por ver a tanta gente de pantalón corto correteando por las calles. Para no perder la concentración (como si fuera a darlo todo, vamos), nos dirigimos al polideportivo, que tiene pistas de atletismo y un montón de espacio para calentar tranquilamente.

A las 10h, salen los corredores de la carrera de las 5 millas, mientras que a las 10.20 toca a nosotros.

Cuesta abajo para las primeras 3 millas y, la verdad, se me hace raro correr tanto rato en bajada. Llegamos a la Playa del Albir y nos reciben los lugareños con aplausos y sonrisas. Hay que aclarar que, por estos lares, los lugareños son, en su inmensa mayoría, señoras y señores mayores, con un pelo rubio/canoso, claramente no oriundos de estas latitudes. Vamos, que es como correr por las calles de Oslo.

Y empieza la primera cuesta: casi unas 3 millas subiendo hasta el Faro de Alfaz donde está el control del chip. Nunca me he encontrado con pendientes tan crueles y tan prolongadas, pero he conseguido no parar hasta llegar arriba. Bueno, una vez cruzado el arco que sirve de ingreso al parque natural del faro, sí que me he dado un paseo de unos pocos metros, las cosas como son.

Cuesta abajo como locos, con un dolor en la rodilla derecha que me hacía pensar en cómo bajar sin lesionarme. Ni idea de técnicas de correr, así que he ido por sensaciones y he conseguido no pasarlo excesivamente mal.

Una vez llegados de vuelta a la playa, nos encaminamos de vuelta al pueblo, para una cuesta prolongada (pero no tan cruel como la del faro) de otras 3 millas, más o menos. En ningún momento me he encontrado cómodo, ni ritmo de carrera ni nada, pero al final he llegado a meta, con media vuelta a la pista de atletismo, donde también he hecho lo que se podría definir, con mucha buena voluntad, un sprint.

En meta me esperaban mujer, cuñados y sobrinos, así que, después de los estiramientos necesarios (y beber tanta agua como he podido), nos hemos ido a celebrarlo con comida japonés.

Datos técnicos: 10 millas (16,09km), en 1h32’10”, a 5’43”/km, con 159HR y 1.601 Kcal.

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Corriendo por Mallorca

El sábado pasado, aprovechando un fin de semana por Mallorca, me he despertado tempranito y me he dado el gusto de correr por el paseo marítimo. Hace tiempo, leí en la revista Runner’s que había mucha gente que aprovechaba sus viajes para recorrer las ciudades que visitaba. Decían que era una forma estupenda para conocer la ciudad que visitaban y, a la vista de mi experiencia, tenían toda la razón.

Era la primera vez que visitaba la ciudad de Palma y tengo que decir que me ha encantado. Espero repetir pronto, quizás en un periodo en el que haga un pelín menos de calor, que, junto con el peso, es mi peor enemigo.

Temía que la visita hecha a un simpático mesón, con gran variedad de vino, hiciera mella en mi ya casi inexistentes facultades para correr. Pero la cosa tampoco estaba tan mala y, en pocos minutos, ya he tomado mi ritmo de vacaciones, corriendo y disfrutando del panorama.

Mucho sol, un mar brillante y la Catedral eran parte de un marco verdaderamente bonito, que invitaba a correr con la cabeza bien alta y no perderse ningún detalle. Tengo que admitir que, después del maratón, andaba un poco falto de motivación para correr, pero con este panorama era imposible no pasarlo bien.

He llegado desde el puerto hasta un espolón que hay en dirección del aeropuerto, donde me he dado la vuelta y he vuelto hacia el hotel. El ritmo no ha sido para impresionar (6,1km, en 37’55”; 6’12”/km), pero he vuelto a disfrutar como hacía tiempo que no sucedía.

Además, en el trayecto de vuelta, me he “enganchado” con otro corredor local que, a ojo, tenía más o menos mi ritmo (y mi problema de peso). Después de un ratito en el cual hemos ido corriendo a la par, me he decidido en entablar conversación.

Nos ha dado tiempo de hablar sobre el placer de correr, de nuestra lucha contra el peso y de todo lo que cabía en una charla de un par de km. Al final, nos hemos saludado y el corredor mallorquín ha seguido por su camino, mientras yo me paraba en un jardín a la sombra, para los estiramientos de rigor. Ni siquiera sé cómo se llamaba mi compañero de viaje, pero ha sido todo un gusto compartir este breve trayecto con él y volver a descubrir lo maravilloso que es correr.

En unos días me mudaré al pueblo, donde espero retomar con más asiduidad los entrenamientos, en vistas del maratón de noviembre. Por cierto, todavía no he decidido entre San Sebastián y Valencia. La primera me fascina por su recorrido, pero la segunda afectará menos al presupuesto.

¿Alguien se ofrece para ayudarme en la decisión?

Cómo perder la forma en 23 días

En esta época en la que empieza la temible “Operación bikini“, yo he ido a contracorriente (como casi siempre). Mientras todo el mundo sale a correr y en el parking del Decathlon (por no hablar de los pasillos) no cabe un alfiler, yo me he tirado 23 días a la bartola.

Desde que terminé el Maratón de Vitoria el pasado 8 de mayo, había calzado las zapatillas sólo para ir a dar un par de paseos alegres, con micro trotes de 2 minutos, acompañando a mi mujer. Después estiramientos, flexiones, dorsales y abdominales, pero poco más.

Así que ayer, convencido un poco por el aburrimiento, otro poco por las ganas de correr y otro poco más por este clima inusitadamente fresco de Alicante en estas fechas, me he calzado mis nuevas Asics Gel-Kayano 16, me he ido correr. Y, justo al lado de la puerta de mi casa, una más que desagradable experiencia que os cuento.

Al salir del portal, paso en el medio de un grupo de unos 5 o 6 chicos de una etnia minoritaria, históricamente desfavorecida y marginada socialmente, muy arraigada en el territorio alicantino. Pues, a estos chicos, mi sobrepeso y los “leggis” (no sé, interpreto que se trataba de los pantalones ajustados, que no eran éstos, pero bastante parecidos) les han hecho la suficiente gracia como para hacérmelo notar, ya que tampoco estaban tocados por el don de la discreción.

Imaginaos la escena: yo 41 años, y ellos no más de 15. Opciones:

A. Darse la vuelta y emprenderla a hostia limpia. Hubiera sido un espectáculo poco digno y bastante violento, sobre todo para ellos.

B. Seguir andando, haciendo que no he oído, mientras todos sabemos que he oído, y bien.

C. Darse la vuelta y analizar con ellos las razones de su malestar, el porque de su rechazo a las normas sociales generalmente aceptadas (educación y/o urbanidad, menudos “palabros”) y esa confusión que te trastorna cuando eres adolescente.

D. Darse la vuelta y llamarles “Pertenecientes-a-una-etnia-minoritaria,-históricamente-desfavorecida-y-marginada-socialmente” de mierda, os voy a partir la cara. Y pasar, después a la Opción A.

Evidentemente, he optado por la Opción B, aunque no tengo claras las razones. Les sigo dando vueltas y tampoco tengo muy claras las motivaciones de esta elección, pero el caso es que así fue y empecé a correr. Tenía pensado dar una vuelta de unos 7,5km, así, como quien no quiere la cosa, total, si yo soy un finisher, esas distancias minúsculas me dan la risa floja.

Pues, no que no me la daba la risa floja. He tenido que acortar el entrenamiento y cambiar el recorrido por uno más corto, de 4,83km, que he recorrido, no sin dificultad, en 29’15” (6’03”/km).

¿Qué ha pasado? Pues, que no es bueno descansar tanto tiempo (3 semanas), en las cuales, además, me he dedicado a comer más de la cuenta. Y poca excusa puede ser la de haber tenido mi madre en casa, que no ha hecho otra cosa que cocinar TODOS mis platos preferidos (y son muchos), amén de rellenar hasta lo inverosímil el congelador con comida para los próximas semanas.

Así que ya estamos empezando otra vez un régimen un poco más sano y volviendo, paulatinamente, a correr por lo menos 3 veces por semana. Y que el próximo entrenamiento sea, por lo menos, de 7,5km.

Próximas decisiones: decidir entre participar en el Maratón de San Sebastián o el de Valencia.

Run, baby, run

Esta semana, que es la quinta de mi plan de entrenamiento, me siento casi eufórico por como van los entrenamientos. Entendámonos, no es que piense correr a 4’/km (esto no lo lograré nunca, ya lo sé), pero mis entrenamientos están yendo bastante bien.

Hoy, por ejemplo, tenía que correr 75′ para hacer, según los planes, unos 15km (esto es lo que dice el plan de entrenamiento de la Web del Maratón de Vitoria). Ya sabía de antemano que no iba a llegar ni de coña a ese monstruoso (para mí) 5’/km. Aún así, me he puesto a correr y éstos son los resultados:

11.3km, en 1h ’04’ 42”, es decir, 5’43”/km.

Debería haber hecho 75′, pero me he equivocado de ruta y me he dado cuenta demasiado tarde para cambiar. En fin, que vuelvo a tener estas sensaciones tan agradables cuando terminas los estiramientos y te vas a la ducha. Ahora sólo falta descansar un rato, no ponerse las botas en la cena (la báscula, ¡esa enemiga!), sino los abdominales no habrán servido para nada.

Keep on runnin’

Entrenando el día de mi cumple

Ayer tocaba entrenamiento y corrí celebrando mi 41 cumpleaños. Ya hay muchas velitas en la tarta y menos mal que se han inventado las velas con los números, sino no cabían en la tarta de chocolate.

Tal y como marca el plan (otra casilla marcada del Plan Entrenamiento), he hecho los 65′, que se han quedado en 68’23, para un total de 11,3 km (un sorprendente para mí 5’36”/km, según los cálculos de Strands).

De este entrenamiento, he aprendido 2 cosas:

  1. Si tienes pensado ir a correr, no puedes merendar tarta de chocolate (dos trozos generosos);
  2. El esfuerzo del 8×100 lo notas al día siguiente.

Mientras corría, notaba las piernas como si fueran las de Pinocho, de madera y con nada de flexibilidad. Tampoco notaba dolor, era sólo una sensación de rigidez, que ha ido desapareciendo a partir de los 20′ de carrera.

Al final, ya en casa, tocaban estiramientos, sobre todo para mi maltrecho abductor y algunos ejercicios. He notado que, cuando supero los 50′ de carreras, suelo tener molestias en la base de la espalda, así que he hecho 3×15 de abdominales y 3×12 de dorsales. Poco a poco continuaré fortaleciendo esta zona, a ver si va mejor la cosa.

En fin, que sigue la cuenta atrás hacia el Maratón de Vitoria-Gasteiz. Tengo que acordarme de cambiar las pilas de mi Polar T31, ya que no marca correctamente las pulsaciones. Después de 3 años de uso, ya era hora de cambiar las pilas.