Corriendo por Mallorca

El sábado pasado, aprovechando un fin de semana por Mallorca, me he despertado tempranito y me he dado el gusto de correr por el paseo marítimo. Hace tiempo, leí en la revista Runner’s que había mucha gente que aprovechaba sus viajes para recorrer las ciudades que visitaba. Decían que era una forma estupenda para conocer la ciudad que visitaban y, a la vista de mi experiencia, tenían toda la razón.

Era la primera vez que visitaba la ciudad de Palma y tengo que decir que me ha encantado. Espero repetir pronto, quizás en un periodo en el que haga un pelín menos de calor, que, junto con el peso, es mi peor enemigo.

Temía que la visita hecha a un simpático mesón, con gran variedad de vino, hiciera mella en mi ya casi inexistentes facultades para correr. Pero la cosa tampoco estaba tan mala y, en pocos minutos, ya he tomado mi ritmo de vacaciones, corriendo y disfrutando del panorama.

Mucho sol, un mar brillante y la Catedral eran parte de un marco verdaderamente bonito, que invitaba a correr con la cabeza bien alta y no perderse ningún detalle. Tengo que admitir que, después del maratón, andaba un poco falto de motivación para correr, pero con este panorama era imposible no pasarlo bien.

He llegado desde el puerto hasta un espolón que hay en dirección del aeropuerto, donde me he dado la vuelta y he vuelto hacia el hotel. El ritmo no ha sido para impresionar (6,1km, en 37’55”; 6’12”/km), pero he vuelto a disfrutar como hacía tiempo que no sucedía.

Además, en el trayecto de vuelta, me he “enganchado” con otro corredor local que, a ojo, tenía más o menos mi ritmo (y mi problema de peso). Después de un ratito en el cual hemos ido corriendo a la par, me he decidido en entablar conversación.

Nos ha dado tiempo de hablar sobre el placer de correr, de nuestra lucha contra el peso y de todo lo que cabía en una charla de un par de km. Al final, nos hemos saludado y el corredor mallorquín ha seguido por su camino, mientras yo me paraba en un jardín a la sombra, para los estiramientos de rigor. Ni siquiera sé cómo se llamaba mi compañero de viaje, pero ha sido todo un gusto compartir este breve trayecto con él y volver a descubrir lo maravilloso que es correr.

En unos días me mudaré al pueblo, donde espero retomar con más asiduidad los entrenamientos, en vistas del maratón de noviembre. Por cierto, todavía no he decidido entre San Sebastián y Valencia. La primera me fascina por su recorrido, pero la segunda afectará menos al presupuesto.

¿Alguien se ofrece para ayudarme en la decisión?

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